jueves, 28 de abril de 2011

Transplante



Hace casi nueve años dejé atrás mi casa de Sabana del Medio, en el estado Carabobo, para viajar a McLean, en el estado de Virginia. Aunque ese viaje tiene dos o tres paradas a lo largo del camino, constituyó para mí un viaje espiritual sin escalas. Recordé la última visión de la casa que había sido mi hogar por diez años: La vaca del vecino comiéndose las cayenas de mi enredadera, pero también ví por última vez el maravilloso y gigantesco curarí en flor. El juego terminó empatado en mi memoria: un recuerdo grato y otro ingrato.

Había construído esa casa con la ayuda de la gente de la aldea de Barrera, una aldea llena de buena gente, aunque no hubiera biblioteca pública y si siete botiquinies. Hubiera deseado sembrarme alli para siempre, pero no pudo ser. Las invasiones, la suciedad, los apagones, los asaltos, la indignación crónica por el contraste entre el país que deseaba y el país que veía amenazaban con matarme. Mi tensión “normal” se colocó en 17/11.

Mi transplante físico al estado de Virginia ya tiene ocho años y he experimentado una milagrosa transformación, de alguien abrumado bajo el peso de una sociedad que se hundía, a alguien feliz y rodeado de tranquilidad por todos lados. Nadie me garantiza que esa tranquilidad y felicidad serán permanentes. Después de todo, soy un anciano, acercándome a los ochenta años, aunque aún me sienta capaz, de “beber leche (vino rojo, en mi versión), domar un potro y atravesar un río”, como poetizaba Antonio Arraiz. Mi envejecimiento es una ilusión que solo existe en la imaginación ajena. Solo yo se que ello no es cierto.

Lo cierto es que mi estadía en Virginia me ha convertido en una especie de Hans Castorp de la tercera edad. Me siento, como decía el protagonista de “La Montaña Mágica”, un ser mimado por la vida. Y esa sensación de total felicidad está basada, toda ella, en las pequeñas cosas, en lo que nuestro recordado Aquiles Nazoa llamaba “las cosas más sencillas”.

La razón más importante para esa felicidad ha sido la naturaleza predecible de mi vida. En Sabana del Medio, por mucho tiempo, tenía que ir hasta Valencia, media hora a una hora de viaje (dependiendo de las colas) para usar mi lap-top, porque no había manera de conectarse al Internet en Sabana del Medio. La electricidad fallaba todas las semanas por varias horas, por lo cual era difícil conservar provisiones en la nevera. Los artefactos eléctricos se dañaban con frecuencia con las abruptas subidas del voltaje. A veces conseguía el abono requerido por sus plantas, a veces no. Las fruterías, bodegas y ventas de hortalizas en Tocuyito o en Valencia eran, con algunas excepciones, museos melancólicos donde podían verse tres o cuatro plátanos negruzcos guindando, desesperanzados, al lado de una obscena cabeza de cochino. Habían dos o tres librerías que mereciesen ese nombre en toda Valencia. Para mantenerme al dia intelectualmente era necesario ir hasta Caracas.

El transporte público era la máxima expresión de lo impredecible. Los autobuses que pasaban a toda velocidad por la entrada del pueblo no se dignaban parar para embarcar a un pasajero. Si estaba lloviendo, mucho peor o imposible. Los choferes estaban más interesados en llegar primero a su base que en transportar pasajeros. Teoricamente, la gente pudiera haber permanecido en las paradas toda su vida. Frente a la parada del bus podía verse una gran valla con la efigie de Hugo Chávez, al lado de la escuela de Barrera, la cual necesitaba urgentemente una mano de pintura y pupitres. Pero, eso debía esperar. Lo prioritario era la valla con el retrato del prócer.

En Virginia el bus pasa cada 15 minutos y siempre se detiene. En ocasiones soy el único pasajero pero el conductor, de uniforme, me canta las paradas por el micrófono. La luz eléctrica nunca ha fallado a pesar de las tormentas y el internet siempre entra como un león. Abro el grifo y fluye el agua. Los vegetales y las frutas son objetos de arte y, si se compran en temporada, no son más costosos que en Venezuela. Al contrario, son bastante más baratos en relación a los poderes adquisitivos en cada país. Cuando salgo en la mañana a hacer varias diligencias, se que las haré, y en el orden planificado: el banco, el barbero, la librería, la harina “Pan”, comprar vinos. En el banco me dan un cafecito, en la barbería me sonríen, en el mercado siempre hay Harina “Pan”, en la librería o en la venta de vinos paso tiempo viendo los volumenes recién llegados o las 5000 marcas de vinos que hay a la venta (Malbecs espectaculares por $10, Chardonnays excelentes en $9-11, algunas champañas en $12-15. Pero también hay botellas de $50-500 o más de Borgoñas y Burdeos, si es que uno tuviese el dinero para comprarlas, y hay muchos quienes si lo tienen. Esta es, esencialmente, una sociedad de clase media.

La segunda cualidad que promueve la felicidad es la tranquilidad. La vida en el triángulo Sabana del Medio – Tocuyito – Valencia era azarosa. Solo vivir cerca de la cárcel de Tocuyito era suficiente para elevarle la tensión arterial a cualquiera. Todas las semanas se fugaba alguien del sitio y la primera prioridad del fugitivo era encontrar transporte y dinero en los sitios adyacentes, entre los cuales estaba Sabana del Medio. Salir de noche ya era imposible, o, al menos, nada recomendable. Venezuela se ha convertido en el país más inseguro del hemisferio, con 17.000 víctimas de asesinatos al año. Me sentía marcado, aunque posiblemente exageraba porque, quien se va a ocupar de un anciano? Sin embargo, comenzé a creer que un día cualquiera amanecería tieso en un callejón, con varios tiros en la espalda, sin que jamás se supiera quien me había matado. Me dije: “Aunque morir es triste, es particularmente triste morir sin que jamás se sepa que nos pasó o quien nos asesinó. No quiero convertirme en una vulgar estadística, de esas que lleva de manera fraudulenta Elías Eljuri”.’

En Virginia casi nunca pienso en esa posibilidad. Allí duermo, en ocasiones, con las puertas abiertas y la muerte violenta ha dejado de ser una idea fija, aunque se mantiene alerta, por si acaso. Por otro lado, tengo ocho años sin ver una mosca, una cucaracha y, mucho menos una serpiente. La ausencia de estas experiencias que era tan frecuentes en Venezuela es una variante poderosa de la felicidad.

La tercera razón ha sido inesperada. Donde vivo ahora he tenido mejor acogida y reconocimiento que en mi patria. Aún cuando el clima para los extranjeros ya no es el mismo que era antes del 11/9, me siento aceptado por nuevos amigos, vecinos y colegas. Hasta he logrado trabajo, lo cual es casi imposible para un septuagenario en Venezuela. No me dan empleo fijo, es cierto, pero si trabajo a destajo: un taller de gerencia por aquí, una traducción por allá, artículos para la prensa especializada que me pagan a tantos centavos por palabra. Y mucho de ese trabajo lo puedo hacer sin quitarme la piyama. Cuando presento mi declaración de impuestos ha experimentado, por primera vez en la vida, la maravillosa sensación de recibir un re-embolso. De manera que, en algunos sentidos, el impuesto sobre la renta se ha convertido en un cochinito en el cual puedo ahorrar algo durante el año. Soy invitado a dar charlas sobre mi patria y sobre la región latinoamericana en muchas ciudades del país y, en algunas ocasiones, hasta me pagan honorarios, aunque confieso que pagaría por hacerlo.

Una cuarta razón tiene que ver con lo culto del paisaje del país donde vivo. Venezuela es un hermoso país en lo macro pero de paisaje frecuentemente inculto en lo micro. El Caroní encontrándose con el Orinoco es una visión inolvidable, como lo es el vuelo súbito de miles de loros multicolores para quien pasa en helicóptero cerca de un tepui. La puesta de sol en Juan Griego es extraordinaria y los llanos del Táchira son muy hermosos. Pero el paisaje venezolano en el cual el ser humano tiene participación y responsabilidad deja mucho que desear: los jardines están invadidos por la maleza, la basura se acumula en las calles, las paredes están pintorreteadas hasta por sacerdotes chavistas como Ivan Atencio, quien ensucia las paredes de Maracaibo para hacerse propaganda electoral. En Venezuela existe hoy un aire de deterioro general. Las casas, calles y edificios han visto pasar sus mejores días y muchas carreteras están a punto de derrumbarse. Ese es un espectáculo que va envenenando a la gente que anhela un ambiente más refinado.

En Virginia me asomo por la ventana y veo las calles cuidadas, los árboles y flores bien tratados, el respeto por la naturaleza es evidente. Ello me ha intensificado el amor por el paisaje y ha promovido mis deseos de participar activamente en las tareas comunitarias. Trabajo como voluntario en un hospital y me siento útil.

Los contrastes entre los dos ambientes son múltiples. La esencia del asunto es que ahora tengo un pié plantado en mi patria y otro pie plantado en el país que me ha recibido tan generosamente. No soy un caso excepcional, miles de venezolanos ya experimentan similares sentimientos. Algo que me preocupa un tanto es esa tendencia que existe entre algunos venezolanos de hoy a medir el patriotismo por quienes se quedan y por quienes se ausentan. Mi experiencia rechaza esa innecesaria y hasta peligrosa dualidad. Pienso algo que suena a blasfemia hoy pero que, casi seguramente, será aceptado normalmente en un futuro que se acerca a pasos agigantados. Creo que los países comienzan a ser ficciones en un planeta que está luchando por su supervivencia. Las nociones de territorio, de patriotismo, ceden ante las urgencias planetarias. Hoy en día se lleva a cabo un gigantesco fenómeno de migración humana, desde sitios inhóspitos hacia sitios más acogedores. Millones de seres humanos están en movimiento, en migraciones que asemejan a esas grandes migraciones animales del territorio africano que uno ve en la televisión. Lo que domina esos movimientos es la necesidad primaria de sobrevivir en buena forma, física y espiritualmente. No es falta de amor, o de patriotismo, o carencia de sentimientos. Al contrario, no hay nada como la ausencia para exacerbar el amor por el terruño. Pero Venezuela ya no es una excepción a ese gigantesco movimiento humano, desde sus áreas inhóspitas a áreas que ofrecen mejor calidad de vida. Sobretodo si en nuestro país existe un régimen político que viola los principios de millones de venezolanos, quienes nacieron y desean seguir viviendo en libertad y ya se les acabó el tiempo para ver un cambio deseable en su propio país. Respeto las razones de quienes se quedan en Venezuela por elección libre, pero pienso que nadie debe sentirse obligado a vivir en una sociedad donde sus principios y valores son pisoteados. Y pienso, además, que algunas veces se lucha por la patria desde lejos de manera más efectiva que si uno permaneciese fisicamente en ella.

Estas son algunas de las consideraciones sobre mi experiencia en un país ajeno, donde he encontrado millones de seres humanos quienes comparten mis valores.

13 comentarios:

Carolina dijo...

Gustavo, hermoso articulo.
Comparto 100% tus sentimientos. Hace 13 an/os tome la misma decision: deje atras a mi pais, a mis padres, a mis amigos, mis memorias, en aras de darle a mis hijos, en aquel entonces unos chipilines, al menos la oportunidad de crecer en un pais que les diera oportunidades.
Yo no se si fue cuestion de suerte, de actitud o simplemente porque asi son las cosas, que me encontre en un pais amable que me abrio las puertas, muy frio eso si, pero con mucho calor humano y mucho respeto, en donde mis hijos han crecido libres, sin miedos, entendiendo que esta en sus manos labrarse su futuro y no en manos del gobernante de turno. Ahora que ambos son adolescentes y los veo estudiando, trabajando medio tiempo en la tienda de la esquina, pagando sus impuestos y recibiendo sus rembolsos por ser menores de edad, entiendo que, aunque la separacion fue dolorosa para mi, fue lo mejor para todos.
En cinco dias hay elecciones federales - equivalentes a las presidenciales - y no puedo dejar de comparar la gran diferencia entre ambos paises. Las elecciones se hacen un dia de semana, como cualquier cosa, en los colegios y centros comunitarios, sin suspender actividades normales de clases o trabajo. La gente vota a la ida, en la hora del almuerzo o al regreso del trabajo. Se entra y sale en 10 minutos, y se vota con un lapicito (LAPIZ!!) en un papelito del tamaño de un cuarto de hoja carta. Facil, sencillo y sin tanta alharaca.
Un abrazo y disfruta la primavera!

Daniel dijo...

gustavo

será que me mudo cerca de tu casa? será que me consigues trabajitos a destajo?

en frances decimos

"nul n'est prophète en son pays"

Gustavo Coronel dijo...

Gracias, carolina. Me agrada que setés bien en tu país de adpción.
Daniél: Vous serez les trés benvenu, o algo así!

csvv dijo...

En cierta forma, Gustavo, podría decirse que Omar Vizquel y tú tienen varias cosas en común, aparte de ser de Caracas y ser personas que dejan en alto el ser venezolano (es decir, que el verdadero venezolano, esa persona que no es resentido, ni maleducado, ni grosero con los demás).

Muchos recordamos que denunciaste y buscaste mejorar trabajando en organizaciones ANTICORRUPCIÓN cuando te percataste de que el gordo Calderón abusaba de su poder hace muchísimo años.

Todavía estás en forma haciendo tu trabajo (Vizquel, hoy en dia batea .308 y es una de las bujías de los ChiSox).

Es lo que sucede cuando uno va por la vida haciendo el bien. Vizquel estudió por El Cafetal, era un chamo que bien pudo irse a estudiar administración y conseguir un trabajo más o menos bien pagado (en aquel entonces) y casarse y tener hijos sin irse de Caracas.

Pero el "pana" se dio cuenta que quería ser pelotero, se entrenó y lo vaya que lo logró. Hoy vive con Nicole y sus hijas y es un seguro "halloffamer". (El segundo para Venezuela).

Ahora tú estás allá en Virginia y sigues bateando en cada turno. Y no me cabe duda de que cada vez que te paras en la caja de bateo sientes la misma emoción del primer día.

Tu escrito me hizo valorar muchas cosas. Te recomiendo que veas la película "For the love of the game" con Kevin Costner.

Un abrazo por otro hit, spring time!

firepigette dijo...

Gracias por darnos la oportunidad de tenerte en nuestro pais.Bienvenido !

nicacat56 dijo...

Don Gustavo, igual que Firepiguette, quiero darle, aunque sea muy tarde, una bienvenida a EEUU! Yo, igual que FP, vivo en NC, y tengo familia en VA. Please let me know if there is anything in which I can help you. Your blog is one that I check daily!

Anónimo dijo...

Sr. Coronel, excelente reflexión de su vivencia, afortunada y triste a la vez. Los que hemos tenido la oportunidad de vivir fuera de Venezuela, en varios paises del orbe, varias veces en los últimos dos lustros, por razones de trabajo y hemos regresado al terruño, hemos sentido como la vida en Venezuela se ha ido endureciendo progresivamente: el país se ha vuelto carrasposo, hurticante. No es solamente debido al ambiente político que nos atribula dia va y dia viene, también tiene que ver, y esto es lo mas sustancial, con el maltrato y la desconsideración general que uno siente en la calle todos los días, uno se siente agredido y violentado constante-mente; amen de la proyección sombría del futuro en relación a la educación y la prosperidad, etc. Es lamentable decirlo, pero basicamente lo que queda de bueno en este país es el clima; aunque cada vez menos por causa del calentamiento glogal. Siempre decimos con gran tristeza, pero con un deje de esperanza, que Venezuela podría ser un gran país si nos lo propusieramos los nacionales, pero la indolencia y el egoismo nos tiene capturados. Yo me debato todos los días en si darle otra oportunidad al terruño o simplemente soltar los cabos y navegar a tierras extranjeras en donde se puede vivir con mayor dignidad y mejor trato, porque yo lo he vivido.

Gustavo Coronel dijo...

Agradezco de veras todos estos valiosos y amables comentarios. Pienso que mi deber es transmitir, a quiens lo deseén leer, las experiencias de un venezolano más en trance de vivir fuera de su país.No soy un exiliado en el sentido político del término. Nadie me obligó a salir. Yo salí por las razones que doy en mi escrito y porque ya no era efectivo en Venezuela, dado el clima existente, como agente de lucha contra el régimen. Aquí hago un trabajo y creo que todos los esfuerzos en venezuela y en el exterior son necesarios y bienvenidos. Creo ser un humanista por naturaleza y educación y, por tanto, no creo en la violencia como método de lucha, pero pienso que ella no puede estar excluída a priori como método de lucha eventual en una Venezuela dominada por un sátrapa quien que le cierra las puertas de la interacción ciudadana.
Podemos llegar a un punto donde mueran las palabras.Sin embargo, no abogo por la violencia porque para hacerlo si me parecería justo estar allá, fisicamente con mis compatriotas.
Abogo, pués, por las formas no-violentas de lucha, por el desconocimiento ciudadano de la legitimidad del régimen,por las acciones de calle, por las huelgas, por la negativa ciudadana a obedecer. Estamos ya en la etapa en la cual se requiere una acción ciudadana más pro-activa que la que hemos tenido en los últimos años.
Sigamos, cada quien dando lo que puede, a fin de rescatar la dignidad y la libertad de nuestro pueblo.

Anónimo dijo...

LOS 5 MILLONES DE COLOMBIANOS SE VINIERON A VENEZUELA PARA QUE LES PISOTEAREMOS SUS DERECHOS¡¡¡¡.
ES MUY FACIL PEDIR QUE OTROS HAGAN LO QUE ALGUNOS TODAVIA NO HAN ALCANZADO..........AQUI EN VENEZUELA

JG

Yuli dijo...

SR. Coronel, siempre es grato leer lo que Ud.tan sabiamente escribe porque su corazon sigue aqui, siente y padece con los que no tenemos la psoibilidad de salir sobre todo por la parte económica ,porque no tendria sentido salir a vivir en condiciones como las que viven muchos inmigrantes, inferiores a las que vivian en sus paises de origen.Me alegro por Ud.y por los que han podido salir como la Sra Carolina. El amor por esta Patria resiste la distancia y nos mantiene unidos con los que se han ido pero no nos sacan de su recuerdo ,porque Ud.está tan empapado y le duele tanto lo que aqui sucede que su corazón esta mas aqui que alla , no creo que haya un venezolano que cada dia escriba y sienta lo que vivimos los que estamos físicamente aqui,pero ausentes en lo mas recóndito de nuestro sentir. No deje de escribir porque los que lo admiramos no podriamos vivir sin sus comentarios me encantan y los disfruto porque ver la realidad plasmada en palabras es agradable aunque no lo sean los acontecimientos.Que Dios le mantenga esa paz que está disfrutando y le dé salud y bien. Yo algunas veces comento como anónimo , pero ahora le digo mi nombre , soy Yuli...

MILEYDI dijo...

G

Ximena dijo...

Excelente narrción Gustavo. Yo también tengo es sensación de que nuestro pais está en ruinas, sobre todo cada vez que salgo al exterior y de regreso vuelvo al caos y la anarquía.

Anónimo dijo...

Don Gustavo: En mi casa (acá en USA) tengo un cuadrito en la puerta que dice: "Your home is where your heart is". Mi corazón está en dos países (mejor dicho en tres, porque nací en Venezuela de padres alemanes), así que sus sentimientos se entienden y se comparten. Gracias por sus excelentes artículos.

Saludos,
Elizabeth.